Katarina Abović no pinta países. Pinta lo que ocurre entre ellos.
Una conversación sobre Chile, Croacia, viaje, memoria, identidad y una obra que encontró su lenguaje precisamente en el espacio que existe entre diferentes geografías.
KATARINA ABOVIĆ THE SPACE BETWEEN.
“Mi hogar no es un único punto en el mapa: está formado por todas esas geografías, por las personas que he conocido y por las experiencias que llevo conmigo.”
Chile fue el comienzo.
Croacia era una memoria.
Katarina Abović nació en Santiago en 1988 y creció dentro de una familia en la que Croacia estaba presente mucho antes de convertirse para ella en una experiencia física. Estaba en el apellido, en las historias familiares y especialmente en el vínculo que su padre, Nicolás, mantuvo con el país de sus antepasados.
Chile fue su primera geografía: el territorio de la infancia, la formación y los primeros trabajos. Croacia, en cambio, comenzó como una geografía heredada.
Con el tiempo, ambas dejarían de funcionar como lugares separados.
Croacia dejó de ser una historia cuando pudo vivirla.
Katarina pertenece a la cuarta generación de una familia de origen croata establecida en Chile. Durante años, Croacia fue una presencia transmitida por otras generaciones: una historia familiar más que una experiencia propia.
En 2012 llegó a Zagreb gracias a una beca para estudiar el idioma croata. Vivir en el país cambió aquella relación. Las historias familiares adquirieron calles, conversaciones, rostros y experiencias cotidianas.
Ese mismo año presentó en Zagreb Dos patrias, una exposición que reunió obras relacionadas con Chile y trabajos desarrollados durante su estancia en Croacia.
Después, el mapa volvió a expandirse.
Viajar comenzó a modificar la manera en que Katarina observaba el mundo. Cada territorio introdujo otros ritmos, colores, símbolos y maneras de relacionarse con el entorno.
Bali tuvo una importancia particular. La experiencia de vivir allí y aproximarse a su cultura y a sus tradiciones visuales amplió su relación con la naturaleza, la espiritualidad y la construcción de imágenes.
El viaje ya no era simplemente desplazamiento. Comenzaba a convertirse en parte del lenguaje de la obra.
Tres momentos. Una misma experiencia en movimiento.
Vietnam aparece aquí como una secuencia y no como una fotografía aislada. Las imágenes registran el viaje mientras la pintura comienza a absorber aquello que permanece después: movimiento, densidad, contraste y memoria.
Viajar no borró sus raíces. Las convirtió en algo más amplio: una identidad capaz de contener varios lugares al mismo tiempo.
Los lugares desaparecen.
Queda la sensación.
La obra reciente de Katarina se mueve entre figuración y abstracción. Las imágenes no funcionan como postales de los territorios recorridos. Son construcciones donde memoria, percepción, cuerpo, naturaleza y atmósfera se superponen.
Light
Luz, presencia y atmósfera: la imagen aparece sin quedar completamente fijada.
Furtiva · Roatán
El territorio permanece en el título, pero la experiencia deja de funcionar como paisaje convencional.
Suspended Memory
La memoria como algo incompleto: una imagen que permanece suspendida entre aparición y desaparición.
Inner Cartography
Una cartografía que ya no describe fronteras exteriores, sino experiencias acumuladas dentro de una misma identidad.
Held Within
Lo que permanece contenido: capas de presencia, memoria y percepción dentro de una misma superficie.
Energy Within
El gesto y el color construyen una energía que parece desplazarse entre estructura y disolución.
Pintar es ordenar aquello que todavía no tiene palabras.
Su proceso se mueve entre control e intuición. La imagen no necesariamente comienza con una representación definida. Puede aparecer primero una sensación, una estructura, un color o una relación entre formas.
A través de capas, líneas, transparencias y gestos, la pintura comienza a construir su propia lógica. Figuras y cuerpos pueden aparecer como rastros, situados entre una estructura reconocible y una atmósfera que amenaza con disolverlos.
Allí se vuelve evidente la relación entre viaje y pintura: diferentes experiencias pueden coexistir sin necesidad de transformarse en una narración literal.
La pintura ocurre en el espacio intermedio.
En su trabajo actual, Katarina investiga precisamente ese umbral: el momento en que una imagen deja de ser completamente descriptiva y comienza a convertirse en sensación.
La figura no desaparece del todo. Permanece como rastro, interrumpida por capas de color, líneas y cambios de valor. La percepción queda en movimiento.
Esa idea también permite leer su trayectoria. Chile, Croacia, Bali, Vietnam, Honduras, Portugal y otros territorios no aparecen como compartimentos independientes. Se acumulan.
El resultado es justamente The Space Between: el espacio entre figura y abstracción, entre memoria y presente, entre los lugares de los que venimos y aquellos que terminan transformándonos.
Antes de la artista,
hubo un viaje.
La relación de Katarina con Croacia forma parte de una historia familiar que comenzó varias generaciones antes de su nacimiento y que atravesó el Adriático y el Pacífico antes de regresar, simbólicamente, a Zagreb.
Boka kotorska
Su bisabuelo Mihajlo Abović Ivović provenía de Gornja Lastva, en Boka kotorska.
Slano
Su bisabuela Franica Mitrović procedía del área de Slano, en el entorno de Dubrovnik.
Chile
Ambos terminaron formando una familia en Chile. La memoria croata continuó transmitiéndose entre las generaciones.
Katarina
Cuarta generación, convirtió aquella memoria heredada en una experiencia propia al vivir en Croacia.
El vínculo con Croacia se mantuvo vivo dentro de la familia durante generaciones y fue transmitido especialmente por su padre, Nicolás.
Cuando Katarina presentó Dos patrias en Zagreb el 8 de noviembre de 2012, esa historia familiar adquirió una dimensión especialmente concreta: sus padres, Nicolás y Marcela, y su hermana Franica viajaron desde Chile para acompañarla. También asistieron familiares llegados desde Londres.
La escena tenía una fuerza difícil de reducir a una exposición. Una descendiente de una familia que había cruzado el océano varias generaciones antes estaba mostrando en Croacia una obra construida precisamente entre sus recuerdos chilenos y la experiencia de vivir en Zagreb.
La historia familiar había viajado de Croacia a Chile. La pintura estaba haciendo el recorrido inverso.
La primera gran pregunta ya estaba allí: ¿cómo vivir entre dos geografías?
En 2012 Katarina estaba en Croacia gracias a una beca para estudiar el idioma croata en Zagreb. Ese período produjo también un conjunto de pinturas sobre la cotidianeidad que observaba a su alrededor.
Dos patrias reunió esos trabajos con obras realizadas anteriormente en Chile. La exposición estaba estructurada, literalmente, alrededor de dos mundos: las memorias chilenas y la experiencia croata.
La exposición fue inaugurada en Zagreb y posteriormente también llegó a Dubrovnik. Más que un episodio aislado, aquel proyecto permite entender una línea que continúa apareciendo en su obra.
Catorce años después, la pregunta se ha vuelto más compleja. Ya no existen solamente dos patrias. Entre ambas aparecieron nuevos territorios, nuevas experiencias y nuevas formas de comprender el hogar.
Dos patrias.
Zagreb. Chile y Croacia todavía podían aparecer como dos geografías reconocibles dentro de una misma exposición.
The Space Between.
La frontera se vuelve menos precisa. La pintura trabaja precisamente con aquello que existe entre diferentes estados, lugares, memorias y percepciones.
“Mi hogar no es un único punto en el mapa: está formado por todas esas geografías, por las personas que he conocido y por las experiencias que llevo conmigo.”

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