Colombia no necesita otra historia sobre “raíces”. Necesita descubrir qué puede hacer con ellas ahora.
La comunidad croata en Colombia comienza a organizarse, a aparecer en encuentros sudamericanos, a abrir canales empresariales y educativos y a acompañar a una generación que pregunta por ciudadanía, estudios, trabajo y vida en Croacia. El desafío ya no es solamente conservar memoria: es transformar una herencia dispersa en una red capaz de producir relaciones y oportunidades reales entre dos países que todavía se conocen poco.
Las cifras provienen de universos y registros diferentes y no deben leerse como un mismo censo. Pero juntas muestran algo relevante: todavía podrían existir cientos o miles de historias familiares fuera de las redes conocidas, con fotografías, documentos, trayectorias empresariales y nuevas generaciones que nunca han sido conectadas entre sí.
Por qué mirar Colombia ahora
En pocos años comenzaron a conectarse señales que antes estaban dispersas
La Cámara de Comercio Colombia–Croacia comenzó su trabajo en 2022. Colombia participó en 2025 en el Encuentro de la Diáspora Croata de Sudamérica realizado en Brasil. Durante 2026 continuaron las actividades comunitarias en Bogotá y Ángela Sanković recibió en Zagreb un reconocimiento de Croatian Women of Influence por su trayectoria vinculada al emprendimiento.
Separados, son hechos distintos. Juntos muestran una transformación: una comunidad que durante años tuvo poca visibilidad comienza a organizarse, relacionarse con instituciones croatas y construir una agenda propia. Y junto con la memoria aparecen preguntas nuevas sobre ciudadanía, idioma, estudios, retorno, comercio, turismo y cooperación.
Entonces, ¿quién está detrás de este proceso?
Ángela Sanković permite observar algo mayor que su propia biografía.
Es comunicadora social, gestora de proyectos, presidenta de la Cámara de Comercio Colombia–Croacia y una de las personas que durante los últimos años ha trabajado para localizar, reunir y conectar a descendientes croatas en Colombia.
Pero antes de convertir ese vínculo en proyectos, Ángela tuvo que comprender qué significaba Croacia dentro de su propia historia familiar.
Ahí aparece Ivan Sanković, su padre.
Ivan Sanković nació en Rijeka en 1933. A finales de los años cincuenta llegó a Colombia y comenzó una vida que terminaría conectando, décadas después, a dos países.
Su hija Ángela transformaría aquella memoria familiar en una búsqueda personal y, posteriormente, en trabajo comunitario.Cuando Ángela Sanković era niña, cada Día del Idioma en su colegio ocurría algo que entonces le parecía casi un juego. La escogían para representar aquella parte yugoslava de su familia, su padre preparaba un pequeño discurso y luego se sentaba con ella a enseñarle cómo pronunciarlo.
Ángela no entendía aquella lengua. Pero escuchaba. Lo mismo ocurría cuando Ivan Sanković hablaba con familiares en Europa: de pronto su padre parecía entrar en otro mundo, uno que quedaba muy lejos de Manizales y que, sin embargo, seguía presente dentro de la casa.
Rijeka → Manizales
La vida anterior de Ivan nunca desapareció del todo
Ivan Sanković nació en Rijeka en 1933 y llegó a Colombia a finales de la década de 1950. Era todavía joven. Dejó atrás familia, idioma, ciudad y un mundo conocido para comenzar prácticamente desde cero.
Colombia terminó convirtiéndose en su hogar. En Manizales conoció a Mélida y formó una familia. Su vida profesional pasó por diferentes etapas vinculadas a la enseñanza técnica, la industria, el emprendimiento y la gastronomía, y su recorrido colombiano incluyó también períodos en otras ciudades antes de volver a encontrar en Manizales el lugar donde echó raíces.
Pero migrar no significó borrar lo anterior. En la casa sobrevivieron discos, fotografías de sus padres y familiares, conversaciones con Europa, historias sobre su juventud y una cocina que continuaba hablando de otro lugar.
Ángela recuerda especialmente la punjena paprika. Ivan la preparaba en Colombia; muchos años después, ella aprendió a cocinarla y hoy es quien mantiene viva la receta.
Un archivo sin saberlo
Ángela entrevistó a su padre mucho antes de comprender lo que estaba guardando
Cuando estudiaba Comunicación Social y Periodismo, Ángela utilizaba a Ivan como entrevistado para algunos de sus trabajos universitarios. En aquel momento parecían ejercicios académicos. Con los años comprendió que había hecho algo mucho más importante: registrar la memoria de su padre mientras todavía podía preguntarle directamente por su juventud, su familia y las circunstancias que lo llevaron desde Europa hasta Colombia.
Aquellas conversaciones terminaron integrándose a un archivo doméstico más amplio: fotografías, discos, llamadas familiares, recetas y recuerdos transmitidos muchas veces sin una intención consciente de conservar patrimonio.
Así sobrevivió Croacia dentro de la familia: no como una identidad impuesta, sino como una presencia constante que Ángela iría comprendiendo con el paso de los años.
2025–2026 · el viaje esperado durante años
Cuando la memoria de Rijeka adquirió calles, puerto y una casa
Ángela llegó por primera vez a Croacia en 2025, acompañada por su esposo Hugo y su hijo Matías. Había deseado ese viaje durante muchos años y quería vivirlo de una manera diferente al turismo convencional.
Recorrieron Dubrovnik, Šibenik, Trogir, Hvar, Split, Zadar y Zagreb buscando acercarse a la historia, la gastronomía y las costumbres del país que había estado presente en su familia desde la infancia. El recorrido incluyó también Liubliana, donde viven algunos familiares.
Sus hermanos habían conocido Croacia antes que ella. Sus abuelos, por su parte, sí habían viajado a Colombia, y Ángela conserva recuerdos especialmente afectuosos de su nono, su abuelo de ojos azules.
Pero el momento más intenso llegaría durante su segundo viaje, en marzo de 2026. Ángela regresó a Croacia para recibir un reconocimiento y decidió aprovechar esa visita para llegar finalmente a Rijeka, la ciudad natal de Ivan.
Caminó por el puerto, recorrió sus calles y conoció la casa donde su padre había crecido y vivido. Después de décadas escuchando aquellas historias en Colombia, estaba frente al escenario real de esos recuerdos.
La memoria adquirió territorio. La ciudad, la casa, las distancias y el paisaje daban ahora una forma concreta a algo que hasta entonces había existido sobre todo en palabras, fotografías y conversaciones familiares.
Ángela insiste en que aquel viaje no creó su identidad croata. Ese sentimiento venía de antes: de su ciudadanía, de su pasaporte y de una búsqueda que había comenzado muchos años atrás. Viajar confirmó físicamente una relación que ya llevaba consigo.
Hay una ausencia que hace todavía más significativa la continuidad familiar. Ivan nunca pudo regresar a Croacia acompañado por su esposa y sus hijos. Ese viaje familiar no llegó a ocurrir.
Décadas después, su nieta Valeria recorrió la misma distancia en sentido contrario. En 2026, con 26 años, dejó Colombia para radicarse en Croacia y comenzar una nueva etapa.
El desplazamiento de Ivan había llevado a la familia desde Croacia hacia Colombia. El de Valeria demuestra que aquella relación no terminó con la primera generación: volvió a ponerse en movimiento.
Las cifras revelan también cuánto queda por encontrar
Ángela estima que en Colombia podría haber alrededor de 5.800 croatas y descendientes, aunque advierte que no existe una cifra oficial consolidada.
Una referencia publicada previamente sobre el consulado honorario croata hablaba de entre 2.000 y 2.500 descendientes registrados, mientras que las redes y actividades comunitarias actuales tienen identificadas o vinculadas a unas 300 personas.
No se trata de tres censos comparables, sino de registros y estimaciones construidos de maneras diferentes. Precisamente por eso muestran la magnitud de la tarea pendiente: todavía existe una parte importante de esta diáspora por localizar y documentar.
Mirar Colombia desde Croacia
La huella croata no pertenece a una sola ciudad ni a una sola familia
La presencia croata se extiende por diferentes regiones del país, especialmente Bogotá, Cali, Barranquilla, Medellín y el Eje Cafetero.
Ángela menciona familias como los Bencic, Katich, Marijasevic, Susanj, Badovinac, Ratkovich y Sanković, entre otras. También aparecen historias particulares como la de la familia Frezik, vinculada durante años a la actividad agrícola en Chocontá.
Cada apellido puede abrir una ruta diferente: migración, comercio, agricultura, profesiones, matrimonios, ciudadanía y nuevas generaciones. Documentar esas trayectorias permitiría entender no solamente quién llegó desde Croacia, sino qué ocurrió después con sus hijos, nietos y bisnietos.
De familia a comunidad
La memoria necesitaba también una estructura
Durante una jornada consular de la Embajada de Croacia en Brasil, concurrente para Colombia, Ángela y su esposo Hugo identificaron un vacío concreto: Colombia no contaba con una organización jurídicamente constituida capaz de desarrollar proyectos, fortalecer a la comunidad y mantener una relación estable con instituciones croatas.
A comienzos de 2022 crearon la Cámara de Comercio Colombia–Croacia. Su misión no quedó limitada al intercambio empresarial. Desde el inicio apareció también una dimensión comunitaria, cultural y de conexión entre ambos países.
En paralelo nació Somos Colombo Croatas, como un espacio más cercano para reunir personas, compartir actividades y comenzar a hacer visible una comunidad que llevaba décadas existiendo sin necesariamente conocerse entre sí.
La primera etapa consistió precisamente en eso: encontrar gente, generar confianza y demostrar capacidad de gestión. Después comenzaron las actividades culturales y de integración y, con el tiempo, los proyectos presentados ante instituciones croatas.
En 2025 Colombia participó por primera vez en el Encuentro Sudamericano de la Diáspora Croata realizado en Brasil. Durante 2026 continuaron las actividades en Colombia y la comunidad proyectó también su presencia en el encuentro sudamericano de Argentina.
La transformación es pequeña todavía si se compara con comunidades croatas históricamente mucho mayores en otros países de América del Sur. Pero para Colombia representa algo nuevo: comenzar a reconocerse como parte activa de una red internacional.
Una presencia que empieza a hacerse visible
De localizar descendientes a construir una agenda propia
El reconocimiento recibido por Ángela en Zagreb durante 2026 permite observar algo más amplio que su trayectoria individual. En los últimos años, el trabajo desarrollado desde Colombia ha combinado actividades culturales, empresariales y gastronómicas con la construcción de canales de comunicación para una comunidad que anteriormente tenía mucha menos visibilidad.
La participación de Colombia en el encuentro sudamericano de 2025 significó salir por primera vez de una escala exclusivamente local. Las actividades desarrolladas posteriormente en Bogotá mostraron otra etapa: no solamente identificar descendientes, sino reunirlos y sostener una comunidad en el tiempo.
El viaje personal de Ángela también había cambiado de naturaleza. Croacia dejó de ser exclusivamente el escenario de la historia de su padre. En cada nueva visita comenzaron a aparecer amistades, relaciones institucionales, contactos empresariales y oportunidades para conectar ambos países.
La memoria familiar abrió la puerta. La pregunta ahora es qué puede construirse a través de ella.
El puente que todavía falta
No todo pasa por la nostalgia
La conversación cambia cuando deja atrás el pasado y mira hacia lo que todavía puede construirse. Para Ángela, la relación Colombia–Croacia debe ser capaz de producir también negocios, educación, turismo, inversión y oportunidades concretas.
Desde la Cámara ya han aparecido acercamientos de empresarios croatas interesados en productos colombianos, especialmente café, pero también frutos secos, flores y fajas. La tarea consiste ahora en fortalecer una red de proveedores colombianos capaces de responder a las exigencias de esos mercados.
Son contactos e intereses, no negocios que este artículo pueda presentar como cerrados. Y precisamente ahí está la oportunidad: existe todavía mucho espacio para convertir conversaciones iniciales en relaciones comerciales verificables.
El turismo representa otro terreno evidente. La Cámara plantea trabajar en ambos sentidos: acercar Croacia al público colombiano y mostrar Colombia a viajeros croatas desde una perspectiva más acompañada y menos condicionada por estereotipos.
En educación aumenta el interés por el idioma croata, las becas, la ciudadanía y las posibilidades de estudiar o trabajar en Croacia. Tecnología e inversión siguen siendo campos menos desarrollados, pero forman parte de la agenda que Ángela quiere explorar.
La barrera principal puede ser más sencilla de lo que parece: Colombia y Croacia todavía saben muy poco una de la otra.
En ese contexto, la Cámara deja de ser solamente una extensión de la historia personal de Ángela. Puede convertirse en infraestructura: un lugar capaz de conectar empresas, instituciones, descendientes y oportunidades que hasta ahora han circulado de manera fragmentada.
Una diáspora que cambia
La nueva generación no quiere limitarse a recordar
Las consultas que llegan a las redes de Somos Colombo Croatas muestran otra etapa. Jóvenes preguntan por ciudadanía, pasaportes, becas, voluntariados, estudios, empleo y posibilidades concretas de trasladarse a Croacia.
Valeria es el ejemplo más cercano para Ángela. A sus 26 años decidió dejar Colombia y establecerse en Croacia, transformando una historia que hasta entonces había recibido de sus padres y abuelos en una experiencia propia.
Matías, su hermano de 16 años, está próximo a graduarse y la familia contempla seriamente que pueda realizar sus estudios universitarios en Croacia.
También aparecen otros caminos. Jóvenes descendientes participan en programas culturales, ambientales y de voluntariado que les permiten conocer el país antes de decidir qué relación quieren construir con él.
Eso obliga a mirar la diáspora desde otra perspectiva. Para una generación que contempla realmente estudiar, trabajar o vivir en Croacia, la identidad cultural necesita ir acompañada de información clara sobre universidades, empleo, vivienda, documentos, traducciones, ciudadanía y emprendimiento.
Ángela considera que esa generación tiene una ventaja: se atreve más a empezar desde cero. Precisamente por eso cree que Croacia tiene una oportunidad para fortalecer programas de retorno y facilitar el camino a descendientes que no quieren relacionarse con el país únicamente como visitantes.
La Casa Drpić · investigación abierta
Colombia merece un mapa propio
La historia de una familia no alcanza para explicar a todos los croatas y descendientes de Croacia en Colombia. Pero sí permite comprobar cuánto queda todavía por conocer.
Quedan preguntas importantes:
- ¿Cuándo y por qué llegaron las distintas familias croatas a Colombia?
- ¿Qué ocurrió con sus hijos, nietos y bisnietos?
- ¿Qué archivos familiares sobreviven todavía fuera de las instituciones?
- ¿Cómo se distribuyeron entre Bogotá, el Caribe, Antioquia, Valle y el Eje Cafetero?
- ¿Qué empresas, profesiones y redes conectan actualmente a ambos países?
- ¿Cuántos descendientes mantienen hoy alguna relación activa con Croacia?
Ahí es donde la colaboración con la Cámara de Comercio Colombia–Croacia puede adquirir otro valor: no solamente difundir actividades, sino ayudar a localizar historias, personas, empresas y documentos que permitan construir una imagen más completa de esta diáspora.
Lo que viene ahora
De una ruta familiar a una relación entre dos países
Ivan, Ángela y Valeria representan tres momentos distintos de una misma historia. Ivan dejó Rijeka para construir su vida en Colombia. Ángela creció recibiendo aquella memoria, la convirtió en una búsqueda propia y terminó participando en la organización de una comunidad. Valeria recorrió nuevamente el Atlántico y decidió comenzar una etapa de su vida en Croacia.
Pero la historia colombiana no termina en los Sanković. Detrás de los apellidos ya identificados quedan archivos domésticos, familias todavía desconectadas, trayectorias profesionales y empresariales y nuevas generaciones que apenas comienzan a preguntarse por Croacia.
La siguiente etapa consiste precisamente en encontrarlas y documentarlas. No para convertir la diáspora en una consigna, sino para comprenderla mejor y descubrir qué relaciones contemporáneas pueden surgir de ella.
La apuesta de Ángela mira hacia adelante: construir un canal permanente entre Colombia y Croacia capaz de conectar empresarios, productos, servicios, inversión, educación, turismo y oportunidades.
Después de décadas en que Croacia sobrevivió dentro de una casa colombiana mediante fotografías, conversaciones, canciones y una receta de punjena paprika, esa relación comienza a adquirir otra escala.
Ya no se trata solamente de conservar una memoria.
Se trata de descubrir qué puede hacerse con ella.
Fuentes: entrevista y conversaciones con Ángela Sanković; archivo familiar Sanković; HRT / Glas Hrvatske; HINA; Fundación para la Emigración Croata; Cámara de Comercio Colombia–Croacia y materiales comunitarios facilitados para esta investigación. Las cifras relativas al número de croatas y descendientes en Colombia proceden de registros parciales y estimaciones construidas en momentos y contextos diferentes, por lo que se presentan como referencias y no como un censo definitivo.

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