Dálmatas, oro y barcos en los mares del Beagle: cómo algunos inmigrantes transformaron la minería en movilidad y convirtieron Punta Arenas en punto de partida hacia las islas australes.
Por La Casa Drpić · Split – Punta Arenas – Tierra del FuegoLa historia de la inmigración croata en el extremo austral de América suele comenzar en Europa y detenerse en Punta Arenas. Pero el mapa no terminó allí.
A finales del siglo XIX, desde el puerto magallánico partieron hombres hacia lugares cuyos nombres todavía hoy parecen remotos: Lennox, Nueva, Picton, Navarino, Hoste y las aguas del Cabo de Hornos.
Muchos procedían de Dalmacia. Habían llegado al sur de América buscando trabajo y oportunidades. Después apareció el oro.
Y algunos volvieron a invertir lo que habían conseguido en aquello que podía llevarlos todavía más lejos: barcos.
La fiebre del oro que empujó a los inmigrantes hacia el sur
La presencia croata en Magallanes precede a la gran inmigración de finales del siglo XIX.
Mateo Martinić Beros, una de las figuras fundamentales de la historiografía magallánica, documentó incluso la presencia de marineros procedentes del litoral dálmata-croata en aguas del Estrecho en 1844.
Pero la transformación demográfica ocurrió varias décadas después.
El descubrimiento y explotación de oro en Tierra del Fuego y en las islas australes atrajo a centenares de trabajadores.
Martinić identificó, por ejemplo, a Mateo Trebotić, José Vlahović, José Radić y Mateo Perić entre los dálmatas contratados en Buenos Aires por Julio Popper para trabajar en su establecimiento aurífero de El Páramo, en Tierra del Fuego argentina.
Después el movimiento adquirió otra escala. Para 1890, las estimaciones utilizadas por Martinić situaban alrededor de 300 mineros trabajando en las islas. Hacia mediados de 1891 serían aproximadamente 500 y en 1893 la cifra alcanzaría el millar.
Una proporción extraordinariamente importante de aquellos buscadores procedía del mundo eslavo y, particularmente, dálmata.
El principal foco fue Lennox. Pero los mineros no se quedaron allí. Aparecieron también en Nueva, Picton, Navarino, Hoste y en diferentes puntos del archipiélago del Cabo de Hornos.
La geografía de la inmigración comenzaba a expandirse mucho más allá de Punta Arenas.
El problema era llegar
Mirar un mapa actual puede ocultar una realidad elemental de aquella época. No había carreteras conectando aquellos territorios. El mar era el camino.
Un campamento minero necesitaba herramientas, alimentos, ropa y trabajadores. Una estancia necesitaba materiales, animales y suministros. Una persona que quisiera desplazarse desde Punta Arenas hacia las islas necesitaba encontrar una embarcación.
La expansión económica hacia el sur generó, por lo tanto, otra necesidad: transporte.
La historiografía de Martinić permite observar algo especialmente interesante dentro de la inmigración dálmata. Algunos de aquellos hombres no se limitaron a buscar oro. Utilizaron sus primeras ganancias para adquirir embarcaciones veleras y entrar al negocio del cabotaje entre Punta Arenas y las tierras australes.
El oro comenzaba a transformarse en movilidad.
Los nombres detrás de los barcos
Entre los inmigrantes vinculados por Martinić a esta actividad aparecen nombres que merecen volver a ser observados:
No todos tuvieron necesariamente la misma trayectoria ni desempeñaron exactamente la misma función. Ese matiz es importante.
Pero, vistos en conjunto, revelan una dimensión marítima de la inmigración dálmata que suele quedar eclipsada por las historias posteriores de comerciantes, empresarios, ganaderos y familias asentadas en las ciudades patagónicas.
Eran también hombres que se movían sobre el agua. Y algunos habían aprendido a convertir ese movimiento en negocio.
Una economía que necesitaba barcos
En sus investigaciones sobre la navegación mercante magallánica, Martinić explica que el descubrimiento de oro en las islas australes produjo una nueva expansión marítima desde Punta Arenas.
Había que transportar hombres. Había que transportar carga. Había que abastecer las explotaciones. Después aparecieron también establecimientos ganaderos y nuevas necesidades de comunicación.
Según los antecedentes reunidos por el historiador, en 1896 la flota registrada en Punta Arenas alcanzaba 33 embarcaciones —ocho de ellas vapores— pertenecientes a alrededor de treinta armadores.
No se trataba exclusivamente de croatas, por supuesto. La navegación mercante magallánica fue una estructura económica mucho mayor, integrada por empresarios y marinos de diferentes procedencias.
Del Estrecho de Magallanes al Canal Beagle
Mueve el mapa, acerca la imagen y recorre el territorio donde se desarrolla esta historia.
Punta Arenas era el puerto. El Beagle, la ruta
La Patagonia de aquella época tampoco puede comprenderse completamente utilizando las fronteras nacionales actuales como si fueran muros.
Punta Arenas desarrolló relaciones económicas con territorios de la Patagonia argentina y Tierra del Fuego. Ushuaia, al otro extremo del sistema, dependía también de las comunicaciones marítimas.
Martinić señala que la navegación mercante permitía tanto atender la colonización de territorios chilenos como mantener comunicaciones entre Punta Arenas y Ushuaia.
El mar conectaba economías que el mapa político separaba.
Un barco podía salir de Punta Arenas, trasladar hombres o mercancías, tocar diferentes puntos de Tierra del Fuego y continuar hacia las islas.
Para quienes vivían allí, la frontera más importante podía no ser una línea internacional. Podía ser el viento. La distancia. El estado del mar. O la llegada de la próxima embarcación.
La geografía ayuda a entender por qué la embarcación era mucho más que un medio de transporte. La actual Autoridad Marítima chilena describe todavía una red de canales, estrechos y fiordos que se prolonga hasta el Cabo de Hornos, con numerosos glaciares en los brazos occidental y sudoccidental del Beagle. Hoy existen señalización, cartografía actualizada y sistemas modernos de pilotaje; a fines del siglo XIX, quienes navegaban estas aguas lo hacían sin esa infraestructura contemporánea.
Navarino no es un punto aislado en un mapa. Es una gran isla montañosa frente al canal Beagle, inserta en un sistema de pasos, bahías y archipiélagos donde históricamente el transporte marítimo fue esencial.
Navarino · isla chilena al sur del canal Beagle / Lennox · uno de los focos de la minería aurífera austral / Hornos · extremo marítimo del archipiélago.
Vista aérea del Canal Beagle · fotografía: Gorkaazk, 2003 · Creative Commons Attribution · Wikimedia Commons. Fuente ↗
Los barcos que todavía debemos seguir
Aquí comienza una pregunta que La Casa Drpić quiere investigar con mayor profundidad.
Sabemos, gracias fundamentalmente al trabajo de historiadores como Mateo Martinić, que hubo inmigrantes dálmatas vinculados tanto a la minería austral como a la navegación y al cabotaje.
Lo que todavía queremos comprender mejor es cómo funcionaban concretamente esas pequeñas redes marítimas.
Las preguntas que siguen abiertas
Son preguntas diferentes de preguntar simplemente quién llegó primero. Y obligan a seguir personas, barcos y documentos simultáneamente.
Del Adriático al Beagle
Existe además otra dimensión que queremos reconstruir desde Croacia.
Muchos de aquellos inmigrantes procedían de comunidades insulares y costeras de Dalmacia.
Brač aparece de manera extraordinariamente importante dentro de la historia migratoria magallánica, pero no fue la única isla. Hvar, Vis, Korčula, Zlarin y otras localidades del Adriático también participaron de aquella diáspora.
Eso plantea una pregunta fascinante que todavía debe responderse persona por persona.
¿Cuántos de los hombres que terminaron navegando los mares australes tenían experiencia marítima antes de abandonar Dalmacia?
No podemos asumirlo solamente porque hubieran nacido junto al Adriático. Debe demostrarse.
Sus registros familiares, profesiones, documentos de nacimiento, expedientes marítimos y lugares precisos de origen pueden ayudar a reconstruir esa otra mitad de la historia.
Porque el viaje hacia el Cabo de Hornos no comenzó en Punta Arenas. Comenzó miles de kilómetros antes.
El oro no explica todo
Durante mucho tiempo, el oro ha sido una de las grandes explicaciones de la expansión hacia Tierra del Fuego. Y con razón.
Produjo migraciones rápidas, campamentos y fortunas.
Pero tiene una característica particular: el oro invita a moverse.
Cuando un yacimiento se agota, el buscador puede marcharse.
Un barco cambia esa ecuación. Permite desplazarse, transportar, comerciar y conectar a otros.
Y después aparecería otra transformación todavía más profunda. La ganadería.
Una estancia necesita casas, corrales, cercos, trabajadores y abastecimiento permanente.
Entre ambos procesos puede encontrarse una de las claves para comprender cómo una migración que comenzó atravesando el Atlántico terminó dejando apellidos, familias y topónimos en uno de los extremos habitados del planeta.
Una historia conocida que todavía contiene preguntas
Nada de esto parte desde cero.
La presencia croata en Magallanes ha sido estudiada durante décadas.
La obra de Mateo Martinić es imprescindible. También existen investigaciones posteriores sobre Navarino, Tierra del Fuego, colonización, minería, navegación y comunidades indígenas que permiten reconstruir cada vez con mayor precisión aquel mundo.
Precisamente por eso el desafío actual no consiste en proclamar que “descubrimos” que hubo croatas en el Cabo de Hornos. Eso ya se sabe.
La pregunta interesante está un nivel más abajo: ¿cómo funcionaba aquel mundo?
¿Quién era?
Origen, familia, profesión, redes y momento de llegada.
¿Cómo llegó más al sur?
Rutas, intermediarios, embarcaciones y oportunidades.
¿Qué hizo con lo obtenido?
Oro, crédito, compra o explotación de barcos y nuevas actividades.
¿Con quién estaba conectado?
Tripulaciones, familias, comerciantes, colonos y otros dálmatas.
La Casa Drpić está comenzando a seguir esas pistas entre archivos de Croacia, Chile y Argentina.
No buscamos demostrar que los croatas llegaron al fin del mundo. Eso ya está documentado.
Queremos comprender cómo consiguieron seguir navegando después del lugar donde normalmente termina su historia.
Documentación consultada
Este reportaje se construyó principalmente a partir de las investigaciones de Mateo Martinić Beros sobre la inmigración croata en Magallanes, los armadores de Punta Arenas y las tierras australes del Canal Beagle, complementadas con registros marítimos y colecciones históricas de Chile y Tierra del Fuego.
Entre las obras consultadas se encuentran La inmigración croata en Magallanes (1999), Crónica de las tierras del sur del Canal Beagle (2005) y sus estudios sobre los armadores de Punta Arenas y el origen regional de la inmigración croata.
Los documentos de distintas épocas utilizan denominaciones como “austríaco”, “dálmata”, “eslavo”, “yugoslavo” o “croata”. Cuando las fuentes lo permiten, distinguimos entre la identificación administrativa registrada y el origen geográfico y cultural.
La investigación continúa. Quedan barcos, nombres y conexiones por seguir entre los archivos de Dalmacia y el extremo austral de América.

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