Una carta escrita en Hvar antes de una emigración. Una familia que reconstruyó su vida en Uruguay. Casi un siglo después, una cineasta vuelve a Dalmacia con Super 8, 16 mm y una pregunta que no cabe en ningún pasaporte: ¿qué ocurre cuando heredamos un lugar antes de haberlo vivido?
Desde Makarska, Agustina conversa con La Casa Drpić sobre una historia familiar que comenzó en Hvar, cruzó el Atlántico y terminó entrando en su cine a través de cartas, imágenes, ausencias, lenguas incompletas y archivos que todavía continúan produciendo preguntas.
Antes de llegar a Hvar, Agustina trabaja mirando hacia la isla.
Makarska no funciona aquí como una postal de Dalmacia. Es el presente de esta historia. Agustina Arrillaga Vodanovich acaba de llegar a una residencia artística en la costa dálmata y desarrolla Ideja o otoku, una obra que pone frente a frente imágenes filmadas hoy y documentos que cruzaron el Atlántico mucho antes de que ella naciera.
La paradoja es poderosa: está físicamente muy cerca de Hvar, pero su proyecto no busca acelerar el regreso. Le interesa precisamente ese intervalo. El momento anterior. La distancia todavía visible entre aquello que una familia recuerda y aquello que una descendiente finalmente puede experimentar por sí misma.
Para entender por qué una isla que está a pocas millas puede sentirse todavía tan lejos, hay que volver casi un siglo. A Uruguay. A una familia dálmata. Y, sobre todo, a una mujer llamada Ana que dejó una carta.
Para entender qué está filmando hoy Agustina en Dalmacia hay que volver a Uruguay y a una historia que durante años le llegó por fragmentos: nombres, fotografías, algunas palabras y relatos sobre una familia que había salido de la isla de Hvar.
Su familia viene de la isla de Hvar. Sus bisabuelos emigraron hacia Uruguay durante el período de entreguerras, en un momento en que la economía familiar vinculada a la tierra dejó de ofrecer suficientes certezas para el futuro.
En la memoria familiar quedó una explicación sencilla y brutal: llegó un momento en que trabajar la tierra ya no era suficiente.
La historia sobrevivió durante generaciones, pero llegó hasta Agustina fragmentada. Croacia estaba presente en nombres, fotografías, algunas palabras y relatos. Existía, pero permanecía emocionalmente lejos.
Hasta que apareció Ana.
La carta que hizo que Croacia dejara de ser una abstracción
Correspondencia de Ana, bisabuela de Agustina. Archivo familiar compartido directamente para esta entrevista.
Ana era su bisabuela.
La carta había sido escrita desde Vrbanj, en la isla de Hvar, antes de que emigrara hacia Uruguay para reencontrarse con parte de su familia.
Para Agustina, encontrar aquel papel modificó la escala de la historia.
Croacia dejó de ser simplemente “el país del que había venido la familia”. De pronto había una persona concreta escribiendo desde un pueblo concreto hacia un futuro que todavía no conocía.
Como archivóloga, esa dimensión le interesa especialmente: el documento como evidencia de algo ocurrido, pero también como objeto afectivo, capaz de seguir produciendo significado muchísimo tiempo después.


El lugar desde donde Ana escribió antes de cruzar el Atlántico
Mucho antes de que Agustina llegara a Croacia, Vrbanj ya existía dentro de su historia familiar. No como paisaje turístico, sino como un nombre guardado durante generaciones.
Vrbanj y su entorno inmediato en la isla de Hvar. Fotografías documentales de Wikimedia Commons: vista del pueblo desde la colina Hum, iglesia del Espíritu Santo y llanura de Stari Grad desde el antiguo camino Dol–Vrbanj.
Ana terminó entrando en Bok!
Agustina no guardó aquella carta únicamente como una reliquia familiar.
De esa búsqueda nació Bok! (2022), una film performance construida a partir de tres proyecciones.
Una película pintada sobre 16 mm. Otra registrada en Super 8 durante su primer viaje a Zagreb. Y una tercera filmación digital del trayecto hacia la capital croata.
Son tres soportes, pero también tres tiempos.
El archivo familiar. El presente del viaje. Y el intento de construir una relación propia con un territorio que durante años había conocido principalmente a través de relatos.
Croacia no era el país que había imaginado desde Uruguay
Agustina describe su antigua relación con la identidad croata como conflictiva.
El país estaba dentro de su familia, pero eso no significaba que ella sintiera automáticamente que le pertenecía.
Su primer viaje cambió algo.
A pesar de la distancia, encontró gestos, costumbres y maneras de relacionarse que emocionalmente le recordaron Uruguay.
Durante ese primer viaje sintió que quería vivir aquí. Un año y medio después lo hizo.
Pero vivir en Croacia también destruyó una imagen demasiado simple.
Descubrió regiones, islas, generaciones, historias y formas distintas de relacionarse con el país. Croacia dejó de ser una identidad heredada y comenzó a convertirse en una experiencia propia.
La Croacia observada por Agustina
Fotografías compartidas por Agustina para esta entrevista.
La historia croata de Uruguay no termina en las instituciones
Cuando La Casa Drpić le preguntó qué historia vinculada con Croacia permanecía prácticamente invisible desde este lado del Atlántico, Agustina no señaló un monumento. Señaló las casas.
En Uruguay existen varias generaciones de descendientes de croatas. Agustina habla de una comunidad de alrededor de 5.000 personas y recuerda que una parte importante de aquella inmigración llegó desde Dalmacia, especialmente durante las décadas de 1920 y 1930.
Una parte de esa memoria sí encontró un lugar colectivo. El Hrvatski dom —Hogar Croata de Montevideo—, fundado en 1928, continúa siendo un punto de encuentro de la comunidad, con actividades culturales y una historia que ya se acerca al siglo.
Una casa comunitaria. Miles de archivos fuera de ella.
Para una archivóloga, sin embargo, el edificio plantea otra pregunta: ¿qué ocurre con todo aquello que nunca llegó a una institución?
“Muchas historias de inmigración no están necesariamente en grandes instituciones, sino en cajas, cartas, fotografías, documentos de viaje, objetos y relatos que permanecen dentro de las familias.”AGUSTINA ARRILLAGA VODANOVICH
El archivo croata de Uruguay puede ser mucho más grande de lo que vemos
La carta de Ana permite mirar esa afirmación de otra manera. Si un documento familiar conservado durante generaciones pudo terminar convirtiéndose en el punto de partida de una obra contemporánea, ¿cuántas historias semejantes permanecen todavía dispersas en Montevideo y otras ciudades uruguayas?
Ahí aparece una línea especialmente interesante para La Casa Drpić: documentar no solamente a las organizaciones visibles de la diáspora, sino también ese patrimonio doméstico que rara vez entra en los relatos oficiales.
En 2017, durante el Día del Patrimonio dedicado al centenario de La Cumparsita, el Hogar Croata presentó “Croaciatango: Croacia homenajea a La Cumparsita”.
Una orquesta de tamburitzas interpretando tango en Montevideo: no una identidad croata congelada, sino una cultura que después de varias generaciones ya forma parte de otra cultura.
¿Hasta dónde continúa una migración en las generaciones siguientes?
Entre las figuras que Agustina considera interesantes aparece Nancy Guguich, artista, maestra y compositora uruguaya de ascendencia croata.
Fue una de las creadoras de Canciones para no dormir la siesta, proyecto surgido en 1975 durante la dictadura cívico-militar uruguaya.
Música, teatro, humor y poesía construyeron allí un espacio de encuentro y libertad en medio de un contexto marcado por la censura.
Después aparece otra generación: su hijo, el músico y compositor Martín Buscaglia.
Lo interesante para Agustina no consiste simplemente en descubrir otro apellido croata.
Es observar cómo una familia de ascendencia croata puede participar durante generaciones en la construcción de la cultura uruguaya aunque esa herencia ya no aparezca explícitamente como tema de sus obras.
Makarska 2026: el proyecto entra en una nueva etapa
El proyecto que ocupa ahora a Agustina se llama Ideja o otoku.
Entre el 24 de agosto y el 10 de septiembre de 2026, la Galería Antun Gojak del Gradski muzej Makarska reúne a Agustina con Maya Krtić y Krešimir Perić. Allí desarrolla su proyecto con apoyo curatorial y de producción, antes de presentar públicamente el trabajo realizado durante la residencia.
No quiere reconstruir a sus antepasados
Agustina es clara respecto de lo que no quiere hacer.
No está buscando realizar una película tradicional sobre sus antepasados.
Trabaja principalmente con Super 8, 16 mm, fotografía analógica y diapositivas.
Le interesa registrar no solamente lugares, sino texturas, distancias, sonidos, movimientos y pequeñas experiencias cotidianas.
Después quiere poner esas imágenes en diálogo con las cartas de Ana y las fotografías familiares que vienen desde Uruguay.
Archivo y presente no para eliminar la distancia entre ambos, sino precisamente para hacerla visible.
Ideja o otoku
El teaser se abre directamente en YouTube para garantizar una reproducción estable también cuando WordPress restringe el reproductor incrustado.
Hablar imperfectamente también puede contar una historia
Agustina quiere incorporar su propia voz al proyecto.
Español.
Y un croata autodidacta e imperfecto.
No quiere ocultar los errores.
Tampoco las pausas, las dudas ni las autocorrecciones.
Para ella, todo eso forma parte de la experiencia de estar entre dos lenguas, entre dos territorios y entre distintas formas de pertenecer.
Hvar existe ahora frente a ella como paisaje real. Pero durante generaciones existió primero como memoria.
Una historia que todavía se está filmando
Ana salió de Hvar rumbo a Uruguay. Varias generaciones después, Agustina hizo el recorrido en sentido contrario, pero no para reconstruir exactamente la vida de quienes partieron ni para recuperar una identidad intacta.
Su trabajo resulta interesante precisamente porque acepta lo que cambió en el camino: las lagunas del archivo, una lengua aprendida tarde, las diferencias entre la Croacia imaginada desde Uruguay y la que encontró al vivir aquí, y la imposibilidad de mirar Hvar con los mismos ojos que su bisabuela.
Para La Casa Drpić, ahí está también la parte menos explorada de la historia croata en Uruguay. No sólo en cuántos descendientes quedan o cuántas instituciones siguen activas, sino en qué hicieron las generaciones siguientes con los fragmentos que recibieron.
En algunos casos será una carta. En otros, una canción, un apellido, una fotografía o una historia familiar casi olvidada. En el caso de Agustina, esos fragmentos terminaron entrando en una cámara.
Y en Makarska, en agosto de 2026, la película todavía no está terminada.
Esta publicación se construyó a partir de una entrevista concedida directamente a La Casa Drpić por Agustina Arrillaga Vodanovich. Las cartas familiares, fotogramas de Bok!, fotografías analógicas y el teaser de Ideja o otoku fueron compartidos por la artista para acompañar la historia. El contexto de la residencia Makarska 2026 y los datos históricos complementarios fueron contrastados con fuentes institucionales.

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