Europa lleva años imaginando cómo será una ciudad donde los automóviles puedan conducir por sí mismos. Esa transición ya no ocurre solamente en laboratorios de Silicon Valley o en pistas cerradas: está ocurriendo entre tranvías, peatones y tráfico cotidiano en Zagreb.
Y uno de los lugares elegidos para convertir esa tecnología en un servicio comercial real no fue Berlín, París ni Londres. Fue Zagreb.
La escena resulta extrañamente normal.
Un automóvil eléctrico blanco atraviesa Zagreb. Se detiene frente a un semáforo. Continúa. Cambia de carril. Interpreta el movimiento de otros vehículos.
Hay una persona sentada delante.
Pero la máquina está realizando la conducción.
Ese pequeño detalle coloca a Zagreb dentro de uno de los experimentos urbanos más interesantes de Europa.
Desde abril de 2026, la empresa croata Verne opera en la capital el que las compañías implicadas presentan como el primer servicio comercial de robotaxis de Europa. No se trata solamente de automóviles de demostración. Los usuarios pueden solicitar y pagar viajes reales. Desde agosto, además, esos vehículos también pueden aparecer al pedir un viaje mediante Uber.
No es todavía el taxi vacío de la ciencia ficción
La precisión aquí importa.
Los vehículos funcionan autónomamente, pero durante esta fase inicial llevan operadores AV entrenados a bordo.
Uber describe la introducción actual exactamente de esa manera: un operador autorizado permanece detrás del volante supervisando la conducción antes de una futura transición hacia operaciones completamente sin conductor.
Verne también explica que sus viajes actuales son autónomos y que el operador supervisa. La meta existe, pero todavía no hemos llegado al punto en que el asiento delantero pueda desaparecer completamente.
Una ciudad que nunca fue diseñada para robots
El despliegue comercial de Verne comenzó el 8 de abril.
Según Pony.ai, el servicio inicial operaba diariamente entre las 7:00 y las 21:00 y cubría aproximadamente 90 kilómetros cuadrados de Zagreb, incluyendo el centro ampliado y el aeropuerto.
La elección resulta particularmente interesante porque Zagreb no es una ciudad construida alrededor de enormes avenidas rectas.
Tiene tranvías. Calles históricas. Cruces complejos. Barrios pertenecientes a épocas diferentes. Peatones, bicicletas, obras, lluvia y decisiones humanas imprevisibles.
Una pista de pruebas puede enseñar a un automóvil a seguir reglas. Una ciudad obliga a una máquina a interpretar el comportamiento humano.
El cerebro, la operación y la escala
Su sistema Gen-7 proporciona la tecnología de conducción autónoma instalada actualmente en los Arcfox Alpha T5 utilizados en Zagreb.
Verne es propietaria de la flota y opera el servicio local. Su trabajo incluye experiencia de usuario, coordinación operativa, despliegue y adaptación regulatoria.
Uber integra la flota dentro de su propia plataforma y conecta el experimento croata con una infraestructura global de movilidad.
Verne no quiere fabricar simplemente otro automóvil
La empresa pertenece al ecosistema de Rimac Group y fue fundada por Mate Rimac, Marko Pejković y Adriano Mudri.
Pero Verne persigue una idea distinta a la del hiperdeportivo que convirtió a Rimac en una marca internacional.
Quiere construir la capa operativa de una futura red de movilidad autónoma: automóviles, plataforma, experiencia del pasajero, regulación y operación.
Incluso su nombre contiene una declaración de principios. La compañía fue bautizada en homenaje a Jules Verne, el escritor que imaginaba tecnologías y viajes mucho antes de que existieran.
Llegar primero importa menos que conseguir salir de Zagreb
El 13 de agosto, Pony.ai y Uber anunciaron una ampliación de su alianza para desplegar más de 2.000 robotaxis en Europa.
El plan parte del servicio de Zagreb y contempla cuatro ciudades europeas adicionales.
Eso cambia la dimensión del proyecto.
Si el modelo croata puede repetirse, Zagreb habrá servido como algo mucho más importante que una vitrina: habrá funcionado como laboratorio operativo para una red europea.
¿Seguiremos diseñando automóviles para conductores que ya no existen?
Durante más de cien años todo automóvil fue diseñado alrededor de una persona.
Volante. Pedales. Instrumentos. Espejos. Posición de conducción.
Pero Verne pretende desplegar posteriormente su propio vehículo autónomo de dos plazas, diseñado específicamente para transporte sin conductor.
Ahí comienza una discusión mucho más radical: si una máquina puede conducir sola, quizá algún día el automóvil deje de parecerse al automóvil que conocemos.
Mientras el mundo mira el Adriático, Zagreb está intentando construir otra imagen del país
Croacia no necesita abandonar aquello por lo que ya es conocida.
Dubrovnik. Split. Las islas. El patrimonio. El fútbol. El Adriático.
Pero ese relato no cuenta todo lo que está ocurriendo.
Zagreb está intentando posicionarse dentro de otra conversación: inteligencia artificial, movilidad autónoma, baterías, robótica y tecnología capaz de viajar mucho más lejos que las fronteras croatas.
Por eso vale la pena observar Zagreb ahora
No sabemos cuándo desaparecerá definitivamente la supervisión humana.
No conocemos todavía las próximas cuatro ciudades europeas.
Tampoco sabemos si dentro de diez años el robotaxi será cotidiano o parecerá simplemente una etapa intermedia hacia otra tecnología.
Quizás la fotografía histórica de Zagreb en 2026 no sea la del primer automóvil vacío.
Quizás sea la del último humano que todavía tuvo que sentarse delante.
Artículo elaborado con información publicada por Verne, Pony.ai y Uber, comunicados corporativos del lanzamiento comercial y de la expansión europea, y documentación del servicio disponible al público. Datos verificados al 23 de agosto de 2026.

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